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17 de Agosto - Un clamor de ayuda

 

Salmo 30:2

Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.
   
     Una de las verdades acerca de la Biblia que más me bendice es su profunda sencillez. Ella expresa las declaraciones más profundas en los términos más sencillos y breves. Lo que me llama la atención al observar este versículo que acabo de citar, es que no son más de diez palabras cortas: “Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste”. Y aun en esas breves y sencillas palabras se expresa una verdad extraordinaria.

     Me pregunto si usted comprende que Dios es el sanador de su pueblo. En Éxodo, el segundo libro de la Biblia, Él dice: “Yo soy el Señor tu sanador”, yo soy el Señor tu médico. Y en el Nuevo Testamento, en la epístola de Santiago, el apóstol escribe: ¿Está alguno enfermo entre vosotros?  Llame a los ancianos de la iglesia,  y oren por él,  ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo”. ¿Padece alguna enfermedad, siente alguna opresión física, lleva alguna carga que el Señor le quitaría gustoso? ¿Ha pensado en clamar al Señor? Piense en la sencillez de estas palabras: “a ti clamé, y me sanaste”.

     ¿Me permite aconsejarle hacer lo mismo? Cabe agregar que yo doy gracias a Dios por los médicos, las enfermeras, y todos aquellos que ayudan a los enfermos. Pero el sanador supremo es Dios. ¿Por qué no le entrega su caso? Lo he hecho muchas veces y Él me ha sanado. Creo que Él también lo hará por usted.